"Uno se enamora lentamente de Roma, poco a poco, pero para siempre" (Nikolai Gogol)

miércoles, 18 de agosto de 2010

La Roma más canalla

No hace falta hablar y entender el idioma italiano para disfrutar en el restaurante Cencio La Parolaccia, situado en el Vicolo dei Cinque, 3, en Trastevere. Es cierto que el local es frecuentado sobre todo por italianos y que ellos entienden los giros del idioma y las frases hechas, pero también un extranjero en Roma puede sacar buen provecho del restaurante La Parolaccia (La palabrota), porque eso es lo que más va a aprender de la experiencia, auténticas palabrotas.
En primer lugar es conveniente ir a La Parolaccia a cenar con suficiente tiempo. Es un pequeño local y se llena muy pronto por lo que lo conveniente es ir pronto, no mucho más tarde de las ocho y media de la tarde, o reservar con antelación. Es, sin lugar a dudas, la Roma más canalla que se pueda contemplar.

Ya antes de entrar en La Parolaccia uno es consciente de que algo raro se va a encontrar allí dentro: En la fachada del establecimiento se anuncia, como en muchos otros restaurantes, que el domingo es el día de descanso semanal y por tanto se cierra, así es que “comed en casa”, según dicen en romanesco.
Al entrar en La Parolaccia el cliente es recibido por un sujeto mal encarado, con cara de malas pulgar. A mí lo primero que me dijo era que ya era hora que apareciera, que llevaba tres horas esperando y que no hacía más que dar vueltas por Trastevere sin entrar en el restaurante. A continuación me preguntó si había reservado mesa; le respondí que no y me miró con auténtica cara de fastidio a pesar de que en ese momento el local estaba prácticamente vacío. Me dijo que a pesar de todo me iba a buscar un buen sitio.
No espere cenar lo que le apetezca en La Parolaccia. Le pondrán lo que ellos quieran. Y no proteste. Nada más sentarse, una comensal le dijo al camarero malencarado, Romeo, que hacía frío y que si podía bajar el aire acondicionado. Respuesta: ‘Yo no tengo frío porque aquí estamos trabajando. Además, no me extraña que tengas frío; si vinieras como aquellas otras no lo tendrías’, dijo observando que llevaba una camisa de tirantes muy escotada. Acto seguido subió la temperatura del aire acondicionado.
El camarero le tirará la servilleta y los cubiertos en la mesa para que usted se los coloque, y lo hará con desprecio. Si le pide cualquier cosa, la mirada será de fastidio, de cara de pocos amigos porque el cliente para el personal de La Parolaccia es un rompecoglione (un tocapelotas).
La comida no está mal y llega en cantidad. Antipasto de embutidos y verdura con bruscheta (tostada), pasta de dos tipos y carne a la romana: cordero, cerdo y salchicha asados, con patatas fritas y ensalada. Para terminar, un sorbete de limón y limoncello. Por cierto, que ellos mismos te dicen que la bruscheta se come con las manos. Se puede tomar vino, refrescos o agua. El precio del menú por persona, en agosto de 2010, fue de 45 euros por persona.

Pero lo fundamental no es la comida en La Parolaccia: Son las carcajadas y aunque uno no entienda todo lo que allí se diga, acaba auténticamente cansado de reírse y con la barriga llena de comer.
Durante la cena, hay música en directo con un cantante, Pasquale, cantando canciones picantes, satíricas, auténticos stornellos romanos. Y Pasquale no para de hablar, de preguntar a los comensales, de meterse con ellos. Canta incluso el camarero Romeo y se ríen de todos y de todo. Como muestra, varios botones: Una comensal pregunta por el servicio y le dicen que está al fondo a la izquierda: “No te metas en la cocina”. Cuando regresa, le preguntan ante todo si ya ha meado y si se ha lavado las manos.
“Pasquale, búscame una mujer guapa, sexy, simpática y un poco puttana”. Cuando Pasquale indica a una de las comensales la respuesta de Romeo es que esa es puttana del todo. Y siguen cantando stornellos como uno dedicado a un comensal calvo: “Nessun pelo sulla testa, ma nell culo, la foresta”, lo cual no hace falta traducirlo. “Palle, palle, palle, rosse e gialle”, es decir, “pelotas, pelotas, pelotas, rojas y amarillas”. Se suceden los vaffanculo, es decir, los vete a tomar por …” y los mignota y puttana, que es lo mismo. “¿Eres español?”, me preguntó Pasquale. “¿Me entiendes?” Cuando le dije que sí me respondió que no entendía “ni un cazzo”, es decir, palabra parolaccia que hace referencia al miembro viril.

Y así es todo en la Parolaccia. Como cuando alguien dice que es de Mantova (Mantua) y le dicen que ya se sabe el dicho: ‘La donna mantovana e la piu puttana’. Cambien el mantovana, por otros muchos gentilicios y verán cómo cuadra. En resumen, en un viaje a Roma es recomendable darse una vuelta por este peculiar restaurante trasteverino de gran tradición.

jueves, 12 de agosto de 2010

El restaurante pizzería 'Al Piatto Rico'






A menudo me piden quienes van a viajar a Roma que les recomiende un restaurante que no les defraude. Y ahí no tengo dudas: Mi restaurante preferido es el Piatto Rico, en el número 30 de la vía della Pelliccia, en el corazón del Trastevere. Llevo trece años viajando a Roma y siempre paso por este local que se encuentra entre la plaza de Santa María in Trastevere, la principal del barrio más romano de Roma según presumen los trasteverinos y la plaza de Trilussa, punto de encuentro de muchos jóvenes romanos, sobre todo por las noches. La vía della Pelliccia sale de la vía del Moro, la que une las mencionadas plazas trasteverinas. El restaurante Al Piatto Rico se encuentra a escasos veinte metros de la vía del Moro.



Si van por el Piatto Rico, pregunten por Gioacchino, que es el dueño y también le pueden comentar que conocen a los periodistas de Madrid. No habla español así es que es mejor decírselo en italiano: ‘Siamo amici dei giornalisti di Madrid’. Gioacchino es muy agradable y, eso sí, muy futbolero. Es tifosso de la Roma y les preguntará por el Real Madrid, por el FC. Barcelona y por cualquier jugador de la selección española. Su mujer se llama Anna y hace unos estupendos postres caseros.

Gioacchino sabe cuando llego al Piatto Rico que mi plato preferido es el exquisito Risotto alla pescatora (una especie de paella de marisco), pero también merecen la pena los fetuccini alle vongole (con almejas). Si les pregunta si lo quieren con zucchino e pachino, quiere decir que le puede poner bastoncitos de calabacín y tomates cherry.

Uno de los platos estrella de Al Piatto Rico es la Zuppa di pesce (sopa de pescado). Es para dos personas pero no es una sopa sino una caldereta de pescado y marisco. Se pide como plato único y es impresionante. Para otras posibilidades es mejor consultar la carta y tampoco defrauda. Como curiosidades está la pizza al pachino que suele ser calda o fredda (fría o caliente). Es una pizza más gruesa, de tipo napolitano. Del horno de leña salen también excelentes pizzas romanas.


Como digo, Anna hace unos postres deliciosos como el tiramisú, la panna cotta (nata cocida que es una especie de flan blanco) y otro postre espectacular que es una mousse con chocolate, jengibre, canela y guindilla, una auténtica explosión de sabores.

El ambiente del restaurante es muy agradable. Allí el fútbol es la estrella y la Roma es una religión. No falta el buen humor cuando Gioacchino te enseña el rincón de los laziale purificati, esto es, amigos y conocidos suyos que son del gran rival de la Roma, a quienes Gioacchino pone la camiseta de la Roma y les fotografía.

Buena comida, buen ambiente y precios muy asequibles son ingredientes más que suficientes para que el Piatto Rico se convierta en uno de los restaurantes más recomendables de Roma.



viernes, 6 de agosto de 2010

la grandeza de la pizza




Conocida en todo el mundo, sólo su nombre ya hace pensar en Italia. La pizza es el plato más importante y famoso de la cocina italiana y su popularidad ha llegado hasta el lugar más remoto del orbe. Ese pan plano horneado con productos diversos fue creado en Nápoles en el siglo XVII porque de ello hay referencias escritas que lo certifican. Y porque eso es algo que no se le puede discutir a un napolitano salvo que uno quiera tener un enfrentamiento dialéctico de enormes proporciones. Sin embargo ya se tiene conocimiento que los antiguos griegos preparaban panes aromatizados con aceite, queso y hierbas, y que los romanos también añadían miel.


Viajar a Roma y no degustar una pizza es un pecado mortal aparte de una monumental tontería. La pizza romana que preparan en pizzerías con hornos de leña es muy delgada y crujiente y no tiene nada que ver con la pizza gruesa napolitana, un producto mucho más parecido al pan. La diferencia está en la levadura.


Una buena opción para quien viaje a Roma es la de tomar la pizza al taglio en cualquiera de las centenares de pizzerías que hay por toda la ciudad. Podríamos denominar este tipo de comida como la fast food mediterranea. El concepto es el de comer rapidamente, de pie o caminando por la calle, pero con productos típicos de la cocina mediterránea, es decir, de forma sana.


Para muchas personas les será realmente incómodo acudir a una pizzería de estas características, pedir una porción y comerla allí mismo recién calentada en el horno. Pero merece la pena hacerlo por las auténticas maravillas que se pueden encontrar. Sobre todo si el establecimiento elegido es la Pizzería Florida, situada en la Vía Florida, junto a Torre Argentina, en pleno centro histórico. La calle se encuentra entre la Via Arenula y la Via de la Botteghe Oscure.


Se trata de un establecimiento de pequeñas dimensiones pero el reducido tamaño es inversamente proporcional a la calidad de las pizzas. El secreto está en la masa y perdóneseme la frase hecha pero es que es tal y como lo cuento. Se trata de una pizza esponjosa y al mismo tiempo crujiente.


En cuanto a los sabores basta probar una porción de margarita (tomate y mozzarella) para llegar al convencimiento de que estamos ante una gran pizza. A partir de ahí se abre todo un mundo pizzero de sabores. La pizza de salchicha y pimientos es sencillamente exquisita y la de patata y mozzarella es una originalidad dificilmente prescindible.


Todo un hallazgo es la pizza con la panceta, el queso loncheado y la crema de calabaza de fondo. O la de atún (tonno en italiano) y crema de alcachofas. La pizza de tomate y peperoncino tiene un agradabilísimo sabor picante y hay otras como la de patata y porcini, es decir, boletus, que es una auténtica delicia. La pizza de mozzarella de búfala, tomate y rúcola es otra maravilla.


Pero lo mejor es dejarse llevar por una mirada al mostrador donde se encuentran las pizzas y ver como los jugos gástricos afloran para elegir una porción de cualquiera de las pizzas que allí tienen expuestas.


Por otra parte, según mi experiencia, los precios que tiene la pizzería Florida son de los más baratos que he visto, otro atractivo.

El séptimo cielo de los helados






Roma, a 6 de agosto de 2010






De todos es conocido que los italianos aman el helado y su consumo es el más alto de toda Europa. Hay cientos de heladerías en Roma y en muchas de ellas se puede encontrar alguna grata sorpresa en cuanto a sabores. El turista encontrará en el centro histórico de la ciudad eterna una gran cantidad de heladerías donde degustar sus sabores favoritos o probar alguno más especial y más difícil de encontrar en España.



Pero si algún lector de este blog quiere conocer algo más a fondo la cultura del helado en Roma es necesario hacer algunas puntualizaciones si lo que desea en caso de un viaje a la ciudad es degustarlo con la seguridad de que va a tomar algo de primera calidad.



Para empezar es conveniente consumirlo en gelatterie de produzione artesanale (heladerías de producción artesanal) y prescindir de las de producción industrial. Por ello hay que estar atentos a si la heladería elegida tiene obrador allí mismo, si los hacen en el propio establecimiento. Si esto es así, el consejo que doy es pasar a probar esos helados.



Para los grandes aficionados al helado que en un viaje a Roma quieran conocer una heladería artesanal de gran calidad y con sabores muy originales, y no les importa perder algún tiempo en desplazarse hasta un barrio fuera del centro histórico, me voy a permitir recomendarles la heladería Al Settimo Gelo, situada en la vía Vodice 21 A, en el barrio de Prati, muy cerca de la plaza Mazzini y de la vía Oslavia. La parada del metro más cercana es la de Lepanto y está a unos diez minutos de paseo.



Al Settimo Gelo ofrece helados artesanales muy originales y exquisitos, con sabores de una finura difícil de calificar. Una auténtica delicatessen que difícilmente se puede olvidar es el helado iraní (gelato iraniano), realizado con agua de rosas, azafrán y pistachos. Pero a partir de ahí las posibilidades son inmensas: Desde la untuosidad de un helado de chocolate inmejorable a la exquisitez de helados como el de albaricoque, o el de pistacho.



A los más atrevidos les recomendaría el helado de chocolate a la guindilla (cioccolato al peperoncino) que produce una explosión de sabor en el paladar. Tampoco hay que olvidar el helado de chocolate a la naranja. Para mí es inolvidable el helado a las tres especias y otras propuestas originales son las del arachidi al cioccolato speziato, es decir, cacahuetes al chocolate especiado, la de cassata siciliana o el de sésamo y miel.



Y si lo que se prefiere es un gusto tradicional, seguro que nadie se sentirá defraudado. Porque desde el séptimo hielo (traducción del nombre del establecimiento), se llega seguro al séptimo cielo.



jueves, 10 de junio de 2010

La squadra azzurra


Comienza el Mundial de fútbol de Sudáfrica 2010 y en él la selección italiana será, como en todos los campeonatos del mundo, una de las favoritas para alzar la copa. La escuadra azzurra (azul) pondrá en escena todos los elementos que la han caracterizado, un fútbol que no entusiasma más que a los italianos, y a veces ni eso, y una fenomenal competitividad.

Y ya que menciono a los azzurri (azules), quiero detenerme en algo que me parece curioso y que más de un aficionado al fútbol se habrá preguntado. ¿Por qué viste de azul la selección italiana de fútbol? Quiero citar expresamente en este artículo al extraordinario periodista deportivo que es Alfredo Relaño que en su libro '366 historias del fútbol mundial' nos desvela el misterio.

El primer partido de la 'Nazionale', como la denominan los italianos, data del año 1910 en Milán y finalizó con victoria de Italia por 6-2 a Francia. En aquella ocasión vistieron de blanco, quizá porque en los albores del fútbol lo más sencillo era encontrar camisetas y calzones blancos. Otros colores eran exquisiteces que generalmente se traían de Inglaterra, el lugar donde se inventó el balompié.

Tan lanzados estaban los italianos con aquella su primera victoria que desafiaron a Hungría en el segundo. Jugaron también de blanco en Budapest y los magiares le dieron a la Nazionale todo un repaso: 6-1. Italia pidió la revancha a Hungría en un partido que se disputó el 6 de enero de 1911 y decidieron cambiar hasta el uniforme: aquel fue el nacimiento de la azzurra porque ese día Italia vistió como camiseta azul.

Relaño habla en su libro de la razón de la elección de ese color: Era el de la dinastía de los Saboya que reinaba en esos momentos en Italia. Con la unificación se creó el Reino de Italia y el monarca fue Vittorio Emmanuele II de Saboya, que hasta esos momentos era Rey de Cerdeña cuya bandera era azul con el escudo de la casa saboyana en la esquina superior izquierda. Ese escudo era rojo con una cruz de color blanco.

Pero hay más hipótesis. Si se le pregunta a un italiano, seguramente responderá que se eligió el color del cielo que quieren tocar con victorias cada vez que juegan un partido. Esta versión es más poética pero parece ser que se ajusta menos a la realidad. Como pueden comprobar, la 'maglia' de la selección italiana no tiene nada que ver con el color de la bandera tricolor, el rojo, blanco y verde, pero eso es algo que también les ocurre a otros equipos nacionales como Alemania, Holanda e Inglaterra.

Otra cosa es el color del pantalón que lucen los italianos. Tradicionalmente ha sido de color blanco pero en los últimos años también se ha elegido el azul con lo que la azzurra es completamente azzurra. El segundo uniforme de Italia es el blanco con lo que vuelve a los orígenes.

Lo que sí tiene esa camiseta que no tienen otras son cuatro estrellas en el escudo. Son los cuatro campeonatos del mundo que ha conquistado la Nazionale, que en ese sentido sólo es superada por los cinco mundiales ganados por Brasil.

miércoles, 9 de junio de 2010

Los mercados de Trajano y los puestos callejeros de la Roma del siglo XXI


Hace 1.900 años se creó el primer hipermercado de la historia, un centro comercial innovador que estaba formado por 150 tiendas. Para ello se contó con el principal arquitecto de la época, el Rafael Moneo o el Norman Foster de la antigüedad, Apolodoro de Damasco, que fue el arquitecto del emperador más grande que tuvo Roma, el 'español' Trajano.

Aquel complejo situado a los pies de la colina del Quirinale (los italianos pronuncia cuirinale) fue, además de un motor económico fundamental de Roma, una propuesta muy novedosa y llamada a perdurar por los siglos de los siglos. Apolodoro de Damasco llegó a utilizar la ladera de la colina para construir ese complejo en un espacio casi imposible; no hay que olvidar que lo hizo entre la propia colina y el foro del emperador Trajano.

Hoy, ese primer hipermercado de la historia se encuentra en pleno centro de Roma, entre la Vía de los Foros Imperiales y la piazza Venezia, y la Vía Nazionale, y es visita obligada para quienes quieran conocer a fondo los foros de la Roma imperial puesto que en lo que antiguamente eran sus tiendas hay un excelente museo en el que pasar unas entretenidas horas.

Roma es la paradoja elevada a cotas casi imposibles y los mercados de Trajano me llaman especialmente la atención por eso. Su modernidad para la época en que se construyó, entre los años 107 y 110 después de Cristo, contrasta hasta ser paradójica con la forma de entender la actividad comercial por parte de los romanos del siglo XXI. Es difícil encontrar, fuera de Italia, un lugar en Europa que tenga todavía una concepción comercial como la que tiene hoy Roma, que es el paraíso de la venta ambulante.

No hay más que pasear por la ciudad para comprobar como los puestos callejeros de ropa, de bisutería, de complementos, de artículos de cocina y de tantas cosas, se extienden por todos los lugares, desde el centro histórico hasta cualquier barrio periférico. A veces uno se siente como en cualquier ciudad musulmana o de la India. A diferencia de España, donde los ayuntamientos tienen muy regulada la venta ambulante autorizándola y controlándola en determinados días y lugares, en Italia en general, y en Roma en particular, parece no existir este tipo de control por parte de la administración. Y sin embargo hay una venta ambulante fija y permanente, diaria en espacios muy concretos, y otro tipo de venta incontrolada e incontrolable por las fuerzas de seguridad encargadas de ello, como son las policías locales y la peculiar 'Guardia di Finanza', cuerpo éste sin equivalente en España y en otros muchos países.

Es la economía sumergida en plenitud. En Europa, el país con mayores tasas de economía irregular es Grecia. Allí, ésta representa el 30 por ciento del Producto Interior Bruto del país. Italia es el segundo país europeo, con el 28 por ciento del PIB y España el tercero, con el 25 por ciento.

Pero Roma es diferente. Sólo allí se ve con absoluta normalidad, creo, que un vendedor ambulante que venda zapatos, por ejemplo, instale su puesto frente a la puerta de una zapatería, y que lo haga con su correspondiente autorización. Menos normal, pero en cierto modo habitual, es que se instale alguien sin papeles, con productos falsificados. El mercado de las falsificaciones en Italia es muy productivo.

¿Qué hay detrás de todo ello? No hay que ser muy avispado para darse cuenta de que detrás de este entramado hay organizaciones mafiosas, es decir, la Mafia siciliana, la Camorra napolitana o la 'Ndrangueta calabresa, que impregnan no pocas actividades de la misma Roma. Hay que tener en cuenta que los vendedores son el último eslabón de la cadena y que la acción mafiosa se refiere, sobre todo, a la introducción en el mercado de productos sin ningún tipo de control arancelario, cuando proceden de países del tercer mundo, o de tipo laboral cuando se producen en la misma Italia.

No crean tampoco que esta es una cuestión exclusiva de la venta ambulante. Hay muchos comercios 'legales' en Roma y en toda Italia sobre los que ejercen algún tipo de control o relación las organizaciones mafiosas.

Por eso no deja de ser paradójico que los mercados de Trajano fueran algo tan novedoso, hasta recibir por parte de historiadores y arqueólogos el título del 'primer hipermercado de la historia', mientras que hoy es posible en Roma comprar lo que se quiera en algo tan poco moderno en términos de economía como uno de los miles de puestos de venta ambulante que se extienden por sus calles.

lunes, 7 de junio de 2010

Il Pasquino


Tengo que reconocer que me cae bien Il Pasquino. No sé; quizá sea porque tiene mucho del carácter mordaz de los romanos o porque siempre tiene algo que decir, aunque sea en romanesco, el dialecto de los romanos, y por tanto poco inteligible para alguien que como yo sólo entiende algo de italiano. El caso es que desde hace quinientos años Il Pasquino tiene algo de la esencia de Roma y en estos tiempos de globalización y de hastío hacia la política y hacia los gobernantes, bien haríamos, italianos y españoles, en aplicarnos en lo que representa en Roma el simpático Pasquino.

Se trata de una de las seis estatuas parlantes de Roma, la más famosa y la que continúa en activo en estos tiempos que corren, que no es poco. ¿Estatuas parlantes? Sí, 'hablaban', o mejor dicho, 'ponían voz' a los romanos en tiempos en los que criticar al poder era el camino seguro para terminar encerrado en condiciones lamentables, o en el peor de los casos, convertirse en combustible para la hoguera que la Santa Inquisición encendía con notable frecuencia en el Campo dei Fiori romano.

Hablo de la Roma pontificia, la que no conocía otro poder que el del Papa y el de los cardenales. El estado teocrático que funcionó hasta el siglo XIX en que se produjo la unificación italiana, una cosa muy curiosa que marca mucho el actual carácter de nuestros vecinos transalpinos. Por aquellos primeros tiempos en los que aquellos estados de la península itálica se unieron, sus protagonistas se mostraron satisfechos: "Ya hemos creado Italia, ahora nos toca hacer lo más difícil: crear a los italianos", vinieron a decir y yo lo recuerdo para explicar lo que en estos tiempos no deja de ser un polémico debate en la Italia de principios del siglo XXI: la falta de identidad nacional de muchos italianos, el deseo último de segregación de un norte rico, la Padania, frente a un sur empobrecido, lo que hoy la Liga Norte defiende con el nombre de federalismo fiscal, esto es, que el dinero del norte se quede allí y no se vaya hacia el sur.

Volvamos al Pasquino. Es una estatua muy deteriorada por el paso del tiempo; se trata de un fragmento de un obra helenística, probablemente del siglo III antes de Cristo que representa a un guerrero heleno. Fue encontrada durante unas obras en el barrio en el que se ubica, el Parione, antiguo Campo Marzio (o Campo de Marte). Se encuentra a apenas una veintena de metros de la piazza Navona y tengo que confesar que me cae tan bien que no dejo de echar un vistazo a la pequeña estatua cada vez que viajo a Roma y paso por la piazza Navona.

Il Pasquino está en la plaza del mismo nombre, en el inicio de la Vía del Governo Vecchio, precisamente desde Navona. Cuentan las crónicas que se colocó en el vértice del palazzo Braschi, hoy museo de Roma, en el año 1501. Como decía, en aquel siglo XVI temeroso de Dios y del poder de los Pontífices y de los cardenales, los romanos dieron rienda suelta a su locuacidad y a su mordacidad para criticar aquello que era incriticable. Y para hacerlo, sin correr el riesgo de acabar en la hoguera, utilizaron seis estatuas de la ciudad que a partir de ese momento tomaron la condición de 'parlantes', expresaban lo que los romanos no podían expresar a viva voz. Esas seis estatuas son, además de Pasquino, Madama Lucrezia, Il Marforio, Il Facchino, Il Abate Luigi y el Babuino. Para ello colgaban o pegaban en esas esculturas papeles con críticas, sátiras y burlas a sus gobernantes. Las seis estatuas parlantes siguen existiendo y se pueden contemplar en Roma, pero sólo una está en activo, nuestro amigo Pasquino. Allí siguen colocando los romanos sus críticas al poder, sus burlas y sus proclamas. Es un auténtica placer detenerse ante il Pasquino y contemplar lo que los romanos hoy escriben sobre sus gobernantes, con un protagonismo casi exclusivo de Silvio Berlusconi; eso, en muchos casos, si se entiende el romanesco.

Pero merece la pena contemplar la estatua porque gracias a ella hoy tenemos una palabra en lengua española que nace precisamete del Pasquino. Se trata de la palabra 'pasquín', esto es, lo que según la Real Academia de la Lengua Española es el escrito anónimo que se fija en sitio público, con expresiones satíricas contra el gobierno o contra una persona particular o corporación determinada.

Deténgase ante la estatua, e incluso, anímese, si así lo desea, a escribir algo en algún hueco que haya en los papeles pegados a ella. Pero por favor, no escriba chorradas del tipo 'Pepe y Pili estuvieron aquí' o 'Viva España, somos de Madrid'. Estamos hablando de cosas serias, o al menos los romanos se lo toman muy en serio.